Ensanchando el Territorio de Dios

Un espacio centrado en Jesucristo para conocerle a través de Su Palabra, crecer en Él y compartir gratuitamente lo que por gracia hemos recibido.


¿Quién soy? Míralo a Él

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
Colosenses 3:3

Vivimos en un tiempo en que una de las preguntas más repetidas es:

¿Quién soy?

El mundo nos invita a mirar hacia dentro para encontrar la respuesta: nuestros sentimientos, logros, heridas, historia, capacidades o incluso la opinión que otros tienen de nosotros.

Pero el evangelio nos lleva en otra dirección.

Nos lleva a Cristo.

La Escritura no comienza tratando de convencernos de que debemos construir una mejor versión de nosotros mismos. Nos anuncia algo mucho más radical: nuestra vieja vida fue llevada a la cruz con Cristo, y ahora nuestra verdadera vida se encuentra en Él.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…”
Gálatas 2:20

Por eso nuestra identidad no comienza con la pregunta:

“¿Qué pienso de mí?”

Comienza con otra:

¿Qué ha hecho Cristo y dónde me ha colocado Dios por medio de Él?

En Cristo

Dos palabras pequeñas que contienen una realidad inmensa.

En Cristo hemos sido llamados.
En Cristo hemos recibido gracia.
En Cristo tenemos redención.
En Cristo hemos sido acercados a Dios.
En Cristo somos una nueva creación.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
2 Corintios 5:17

Esto significa que nuestra identidad ya no necesita descansar en lo que conseguimos, poseemos o podemos demostrar.

Tampoco queda determinada definitivamente por nuestros fracasos.

No somos la peor cosa que hicimos.

No somos nuestros títulos.

No somos nuestros éxitos.

No somos el aplauso de los hombres.

No somos siquiera el ministerio que realizamos.

Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Y eso nos libera de una carga terrible: tener que demostrar constantemente quiénes somos.

No se trata de engrandecer al hombre

Hablar de identidad en Cristo no significa colocar al hombre en el centro y luego añadir algunos versículos bíblicos para hacerlo cristiano.

Todo lo contrario.

Nuestra verdadera identidad aparece cuando dejamos de ocupar el centro.

Juan el Bautista lo expresó de una manera que sigue confrontándonos:

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”
Juan 3:30

Cuanto más vemos a Cristo, menos necesitamos fabricar una identidad propia.

Cuanto más conocemos Su gracia, menos necesitamos vivir buscando aprobación.

Cuanto más contemplamos Su obra terminada, menos necesitamos presentar nuestras obras como prueba de nuestro valor.

Y cuanto más comprendemos nuestra unión con Él, más entendemos que la vida cristiana no consiste simplemente en intentar parecernos a Cristo desde afuera.

Cristo vive en nosotros.

¿Para qué fuimos creados?

Aquí nuestra identidad toca también nuestro propósito.

Podemos pasar toda una vida preguntando qué debemos hacer, qué debemos alcanzar o hasta dónde podemos llegar. Pero existe una pregunta anterior a todas ellas:

¿Para quién fuimos creados?

La Escritura responde:

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.”
Romanos 11:36

Y hablando de Cristo:

“Todo fue creado por medio de él y para él.”
Colosenses 1:16

Fuimos creados para Él.

Por eso puede existir una tragedia aun en medio del éxito:

No hay peor fracaso que triunfar en las cosas para las cuales no fuimos creados.

Podemos alcanzar metas y perder el propósito.

Podemos recibir reconocimiento y olvidar para quién vivimos.

Podemos construir mucho y descubrir que aquello que construimos nunca fue el centro de aquello para lo cual fuimos creados.

Incluso podemos hacer cosas para Dios y, silenciosamente, permitir que esas mismas cosas ocupen el lugar de Dios.

El verdadero éxito no puede medirse solamente por cuánto conseguimos.

Si fuimos creados por medio de Cristo y para Cristo, entonces nuestro propósito finalmente se encuentra en Él.

No fuimos creados para utilizar a Cristo como medio para alcanzar nuestra mejor vida.

Cristo es nuestra vida.

Mira a Cristo

Quizás has pasado mucho tiempo preguntándote:

¿Quién soy?

Tal vez has intentado responder mirando tu pasado.

Tal vez mirando tus errores.

Tal vez mirando lo que otros dijeron de ti.

Tal vez incluso mirando lo que has logrado para Dios.

Pero la Palabra nos invita a levantar la mirada.

Mira a Cristo.

Porque si has nacido de nuevo, tu historia ya no puede entenderse correctamente separada de Él.

Moriste con Él.

Fuiste levantado con Él.

Tu vida está escondida con Él.

Y llegará el día en que también serás manifestado con Él en gloria.

“Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”
Colosenses 3:4

Observa cómo lo dice Pablo:

“Cristo, vuestra vida.”

No solamente Cristo ayudando nuestra vida.

No solamente Cristo mejorando nuestra vida.

Cristo, nuestra vida.

Ahí comienza nuestra identidad.

Ahí encontramos nuestro propósito.

Ahí encuentra descanso el corazón.

Y quizás entonces la pregunta deja de ser:

“¿Quién soy?”

y comienza a convertirse en una confesión:

Mi vida está escondida con Cristo en Dios. Fui creado por Él y para Él.

Que Él crezca.
Que nosotros mengüemos.
Que el Cordero reciba Su recompensa.