Oren en todo lugar

Oren en todo lugar

Un revelador miércoles, mis amados hermanos.

Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Mis amados hermanos:

Ayer la Palabra nos exhortaba a permanecer fieles, fortalecidos en Cristo y con un corazón dispuesto delante de Dios.

Hoy continuamos caminando en esa misma dirección:

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.”
1 Timoteo 2:8

“Que los hombres oren en todo lugar…”

Mis hermanos:

La oración no fue reservada solamente para un edificio, una reunión o un momento determinado. La Palabra nos llama a una vida de oración.

Pero Pablo no se detiene ahí:

“levantando manos santas, sin ira ni contienda.”

No solamente importa que oremos. La Palabra también alcanza la vida de quien ora.

Hermanos:

Podemos levantar nuestras manos delante de Dios, pero esas manos pertenecen a una vida que también presentamos delante de Él.

Por eso, la oración y nuestra manera de vivir no deben caminar separadas.

Y Pablo menciona específicamente:

“sin ira ni contienda.”

Amados:

Esto nos lleva a examinarnos. No solamente a preguntarnos cuánto oramos, sino qué estamos llevando en nuestro corazón cuando nos presentamos delante de Dios.

¿Hay ira que necesitamos entregar?

¿Hay contienda que estamos alimentando?

¿Hay algo en nuestra manera de vivir que la Palabra nos está llamando a rendir delante del Señor?

Mis hermanos, Dios no nos llama solamente a una apariencia de piedad. Nos llama a una vida que corresponda con aquello que profesamos cuando levantamos nuestras manos hacia Él.

Y recordemos de dónde viene nuestra confianza para acercarnos:

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,”
1 Timoteo 2:5

No venimos delante de Dios confiando en nuestra propia justicia.

Venimos por medio de Jesucristo.

Hermanos:

Por eso, que esta mañana nuestra oración no sea solamente una petición para que Dios cambie nuestras circunstancias.

Permitamos también que Su Palabra nos examine y nos transforme a nosotros.

Que donde haya ira, busquemos la paz.
Donde haya contienda, procuremos reconciliación.
Donde haya algo que no corresponda a una vida apartada para Dios, rindámoslo delante de Él.

Y entonces:

Oremos.

Oremos en casa.
Oremos en el trabajo.
Oremos en el camino.
Oremos por nuestras familias.
Oremos por nuestros hermanos.
Oremos por aquellos que todavía necesitan conocer a Cristo.

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.”
1 Timoteo 2:8

Mis amados hermanos, que nuestra oración y nuestra manera de vivir den testimonio de que pertenecemos a Cristo.

Que Dios nos conceda sabiduría y revelación para conocer cada día más a Jesucristo.

¡Feliz miércoles!

¡Uno más para Cristo!