Usando bien la Palabra de verdad

¡Feliz martes!

Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Mis amados hermanos:

Ayer comenzamos la semana considerando la exhortación de Pablo a Timoteo:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”
2 Timoteo 2:15

Hoy la Palabra continúa:

“Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.”
2 Timoteo 2:16

Hermanos, Pablo nos presenta un contraste que merece nuestra atención: usar bien la palabra de verdad y evitar aquellas palabras que, aunque puedan ocupar mucho de nuestro tiempo, no producen edificación.

No todo lo que podemos discutir merece ser discutido. No todo lo que sabemos necesita convertirse en argumento.

El conocimiento de la Palabra debe acercarnos más a Cristo, formar nuestro carácter y ayudarnos también a edificar a quienes caminan junto a nosotros.

Pablo continúa:

“Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.”
2 Timoteo 2:17–18

Esto nos recuerda que la manera en que tratamos la Palabra importa. Lo que decimos puede edificar, pero también puede afectar a otros. Por eso necesitamos acercarnos a las Escrituras con humildad, reverencia y un corazón dispuesto a ser enseñado.

Hermanos, no todos estamos en el mismo punto de nuestro crecimiento. Algunos apenas comienzan a conocer al Señor; otros llevan muchos años caminando con Él.

Por eso necesitamos paciencia unos con otros, recordando que el propósito no es demostrar cuánto sabemos, sino crecer juntos hacia Cristo.

Que nuestro conocimiento produzca humildad.

Que nuestras conversaciones produzcan edificación.

Que la Palabra que recibimos produzca obediencia.

Y que, por encima de todo, aquello que aprendemos nos lleve a conocer más a Cristo y a reflejarle mejor con nuestra vida.

Amados, hoy volvamos a la Palabra con un corazón sencillo y enseñable, procurando usar bien “la palabra de verdad”.

Que todo lo que aprendamos, hablemos y hagamos sea para la gloria de nuestro Padre y la edificación de Su iglesia.

Mis amados, feliz día. Que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús sean con cada uno de ustedes.

¡Uno más para Cristo!