Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Mis amados hermanos:
Les deseo un revelador viernes. Que cada día recordemos que hay conversaciones en las que podemos entrar y otras que debemos aprender a dejar pasar.
No porque no tengamos algo que decir, sino porque la Palabra también nos enseña a reconocer lo que una conversación puede llegar a producir.
Pablo escribe:
“Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido.”
2 Timoteo 2:23–24
Mis amados:
Fijémonos en algo sencillo. Pablo no solamente nos dice qué debemos evitar; inmediatamente nos recuerda quiénes somos:
“El siervo del Señor…”
Eso cambia la manera en que respondemos.
Podemos tener razón y aun así responder de una manera que no refleje al Señor a quien servimos.
Podemos conocer la Escritura y, sin embargo, convertir una conversación en una lucha por demostrar quién sabe más.
Pero el siervo del Señor no ha sido llamado a ganar discusiones.
La Palabra dice que debe ser:
“Amable para con todos, apto para enseñar, sufrido.”
Hermanos:
Quizás hoy alguien diga algo con lo que no estamos de acuerdo. Tal vez aparezca una conversación en la casa, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier otro lugar donde fácilmente podríamos entrar en contienda.
Antes de responder, recordemos:
Soy siervo del Señor.
No todo necesita mi respuesta.
No toda discusión necesita mi participación.
Y cuando sea necesario hablar, la manera en que lo hagamos también debe honrar a Cristo.
Mis amados:
Que hoy no solamente se escuche la verdad en nuestras palabras; que también pueda verse algo de nuestro Señor en la manera en que tratamos a los demás.
Somos siervos del Señor.
Que nuestra manera de hablar también lo diga.
¡Feliz viernes!
Que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús estén con cada uno de ustedes, mis amados hermanos.
¡Uno más para Cristo!