Con mansedumbre

¡Feliz sábado!

Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Mis amados hermanos:

Hay ocasiones en las que será necesario corregir. Habrá conversaciones en las que tendremos que permanecer firmes en la verdad. Pero la Palabra también nos enseña cómo hacerlo.

Pablo, hablando del siervo del Señor, dice:

“Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.”
2 Timoteo 2:25–26

“Con mansedumbre corrija…”

Mis amados:

La mansedumbre es fruto del Espíritu y no significa abandonar la verdad. Hay cosas que deben ser corregidas. Pero aun cuando corregimos, nuestra manera de hacerlo debe corresponder al Señor a quien servimos.

Y hay algo más que debemos recordar:

Nosotros no podemos cambiar el corazón de nadie.

Podemos hablar la verdad, enseñar, corregir y exhortar, pero Pablo dice:

“…por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad…”

Eso nos mantiene en nuestro lugar.

No necesitamos forzar a nadie a aceptar lo que decimos ni convertir cada desacuerdo en una batalla que tenemos que ganar.

Hablamos la verdad con mansedumbre y dejamos en las manos de Dios aquello que solamente Él puede hacer.

Y el versículo 26 nos permite ver a la persona de otra manera:

“…y escapen del lazo del diablo…”

Hermanos:

Cuando alguien está en el error, nuestro deseo no debe ser derrotarlo en una discusión.

Debemos desear que sea libre.

Quizás esa sea una buena manera de examinarnos:

Cuando corregimos a alguien, ¿queremos demostrar que tenemos razón, o verdaderamente deseamos su bien?

Mis amados:

Que el Señor forme en nosotros siervos que amen la verdad, que no tengan temor de hablarla, pero que también sepan hacerlo con mansedumbre.

Hermanos:

No corregimos para ganar una discusión; corregimos deseando que la persona sea ganada para la verdad.

Y confiamos en Dios para hacer lo que nosotros nunca podremos hacer en el corazón.

Les deseo un sábado lleno de la revelación del Espíritu Santo y de la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús.

¡Uno más para Cristo!