Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Mis amados hermanos, ¡feliz martes!
Esta mañana hay una frase de Pablo a Timoteo que quisiera que miremos con cuidado:
“Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia.”
2 Timoteo 3:10
Hermanos:
Fíjense en lo que Timoteo había podido observar en Pablo.
No solamente doctrina.
También conducta.
También propósito.
Y después Pablo menciona fe, longanimidad, amor y paciencia.
Amados:
Eso nos deja algo importante para considerar hoy:
La verdad que conocemos debe alcanzar la vida que vivimos.
Podemos aprender doctrina correcta, conocer muchos versículos y escuchar buenas enseñanzas. Pero la Palabra no nos fue dada solamente para que sepamos más.
Debe comenzar a verse.
En nuestra conducta.
En aquello para lo cual estamos viviendo.
En la manera en que confiamos en Dios.
En cómo amamos.
En la paciencia que mostramos cuando las cosas no suceden como queremos.
Doctrina que nunca alcanza nuestra conducta se queda solamente en conocimiento.
Y esto me lleva, primero, a examinar mi propia vida:
¿Lo que digo que creo acerca de Cristo puede verse también en la manera en que vivo?
Mis hermanos, no despreciemos el conocimiento de la Palabra. Al contrario: sigamos aprendiendo, escudriñando y creciendo en ella.
Pero no queremos solamente conocer mejor la Biblia.
Queremos que por medio de ella conozcamos más a Cristo y que aquello que conocemos de Él vaya tomando forma en nosotros.
Que nuestra doctrina alcance nuestra conducta.
Que nuestra conducta revele a quién pertenecemos.
Que nuestro propósito encuentre su dirección en Cristo.
Y que en nuestra vida puedan verse fe, amor y paciencia.
No solamente palabras que conocemos.
Una vida que comienza a mostrarlas.
Amados:
Que Jesucristo sea glorificado en nosotros.
Mis amados hermanos, que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús sean con cada uno de ustedes.
¡Uno más para Cristo!