¡Un revelador miércoles para todos!
Gracia y paz a cada uno de ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Mis amados hermanos:
Pablo, hablando de lo que había significado seguir a Cristo, le recuerda a Timoteo:
“Persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
2 Timoteo 3:11–12
Mis amados:
Pablo no escondió el costo.
Había conocido persecuciones y padecimientos. Pero tampoco podía hablar de ellos sin recordar la fidelidad de Dios:
“Y de todas me ha librado el Señor.”
Amados, esto no comenzó con Pablo.
Jesús nunca presentó el discipulado como un camino sin costo. Él mismo dijo:
“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”
Lucas 14:28
Y cuando Pedro intentó apartarlo del camino que incluía el padecimiento y la cruz, Jesús lo reprendió. Inmediatamente después dijo a sus discípulos:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”
Mateo 16:24
Mis hermanos:
Seguir a Cristo tiene un costo.
No buscamos el sufrimiento ni llamamos persecución a cada dificultad que enfrentamos. Pero tampoco debemos buscar un cristianismo sin cruz cuando nuestro Señor nos llamó a seguirle.
Por eso debemos calcular el costo.
Habrá momentos en que obedecer a Cristo nos cueste comodidad, aceptación o aquello que nosotros hubiéramos preferido conservar.
Pero Pablo nos recuerda también la otra parte:
“Y de todas me ha librado el Señor.”
El costo es real.
Pero también lo es la fidelidad del Señor.
Mis hermanos:
No sabemos todo lo que encontraremos mientras seguimos a Cristo, pero sí sabemos a quién estamos siguiendo.
Y si el camino se hace difícil, recordemos:
Seguir a Cristo puede costarnos algo, pero nunca tendremos que seguir a Cristo sin Cristo.
Él sigue siendo fiel.
Que el Señor nos conceda permanecer firmes, con nuestros ojos puestos en Jesucristo.
Amados hermanos, que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús sean con cada uno de ustedes.
¡Uno más para Cristo!