Un martes lleno de la revelación del Espíritu Santo para todos.
Gracia y paz a cada uno de ustedes, mis amados hermanos, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Mis amados hermanos:
Esta mañana quiero dejarles una palabra sencilla:
“considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;”
Hebreos 3:1
Y más adelante la Escritura vuelve a decir:
“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”
Hebreos 12:3
Mis amados:
Hay días en que miramos demasiado la dificultad.
Miramos lo que no salió como esperábamos.
Miramos nuestras fuerzas.
Miramos lo que todavía falta.
Miramos aquello que nos preocupa.
Pero la Palabra nos llama a levantar nuevamente los ojos:
Considerad a Cristo.
Cuando el ánimo se canse, considera a Cristo.
Cuando no entiendas el camino, considera a Cristo.
Cuando la aflicción pese, considera a Cristo.
Y también cuando todo vaya bien, considera a Cristo.
No solamente lo que Él puede hacer por nosotros.
A Él.
Su persona.
Su amor.
Su fidelidad.
Su cruz.
Su obra terminada.
Mis hermanos, nuestra fuerza no está en mirarnos más profundamente a nosotros mismos.
Está en volver nuestros ojos a Jesucristo.
Que hoy, cualquiera que sea nuestra condición, nuestra alma pueda recordar:
Considera al Señor.
Amados hermanos, llevo un clamor por la manifestación de la vida de Cristo en cada uno de nosotros. Que el Espíritu Santo nos conceda revelación y que la sabiduría que Dios nos ha dado en Cristo Jesús gobierne nuestro caminar.
¡Uno más para Cristo!