Cada Día en Su Palabra | Jueves 15 de octubre de 2026
Gracia y paz a cada uno de ustedes, mis amados, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
¡Un maravilloso y bendecido jueves en nuestro Señor!
Mis amados hermanos:
Quisiera compartir con ustedes unas palabras preciosas que nos invitan a contemplar lo que Dios nos ha concedido en Jesucristo:
«Tan cerca, tan cerca de Dios. No podemos estar más cerca. Porque en la persona de Su Hijo, estamos tan cerca como Él lo está. Tan queridos para Dios, más queridos no podemos ser. Porque en la persona de Su Hijo, somos tan amados como Él lo es».
Mis amados, ¡qué inmensidad de gracia!
La carta a los Hebreos nos declara:
«Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios».
Hebreos 9:24
Detengámonos en estas palabras:
«Ahora por nosotros ante Dios».
¡Nuestro Salvador vive y se presenta delante del Padre a nuestro favor!
Y la misma carta nos dice:
«Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe».
Hebreos 10:19, 22
¡Hermanos, qué maravilloso!
Aquel velo que marcaba una separación ya no nos impide acercarnos a Dios. Jesucristo abrió el camino mediante Su sacrificio perfecto.
Hermanos, no hemos sido acercados por nuestros méritos, sino por Su sangre.
Y escuchemos lo que nuestro Señor Jesús dijo al Padre:
«…y que los has amado a ellos como también a mí me has amado».
Juan 17:23
Mis amados, ¿alcanzamos a contemplar la grandeza de estas palabras?
En Cristo hemos sido acercados al Padre. En el Amado hemos sido recibidos. Y por Su Espíritu, Dios ha hecho morada en nosotros.
Mis amados, que esta verdad no sea solamente algo que conocemos con nuestra mente, sino una realidad que llene nuestros corazones de gratitud, confianza y adoración.
Hermanos, ¡qué precioso es saber que nuestro Señor Jesucristo nos ha abierto el camino al Padre!
Y que toda la gloria sea para Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.
Amén.
Hermanos, que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios, hechas en Cristo Jesús, sean con cada uno de ustedes.
¡Uno más para Cristo!