Que nuestro hogar dé testimonio de Cristo

Gracia y paz a cada uno de ustedes y sus casas, mis amados, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

¡Un maravilloso inicio de semana bajo la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo!

Mis amados hermanos:

Hoy quiero compartir con ustedes algo de lo que he estado hablando, primero, con mi propio corazón.

La Palabra de Dios nos dice:

«Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvaría; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe».

Hebreos 11:7

Mis amados, hay unas palabras en este pasaje que me llaman especialmente la atención:

«En que su casa se salvaría».

Noé creyó a Dios, y su fe encontró expresión en su obediencia. Su esposa, sus tres hijos y las esposas de ellos entraron con él al arca.

Y esto me ha llevado a pensar en nuestros propios hogares.

Hermanos, podemos compartir la Palabra, hablar del amor de Dios y anunciar a Jesucristo a muchas personas. Pero aquellos que viven con nosotros conocen algo más que nuestras palabras.

Conocen cómo somos, lo que hacemos, lo que decimos y lo que mostramos cuando estamos en casa.

¡Y todo eso también da testimonio!

Mis amados hermanos:

Nuestra familia conoce nuestras alegrías y nuestras debilidades. Ve cómo respondemos cuando estamos cansados, cómo tratamos a quienes amamos y cómo reaccionamos cuando las cosas no salen como esperamos.

Mis amados, no se trata de aparentar una perfección que ninguno de nosotros posee.

Se trata de que la vida de Jesucristo sea manifestada en nosotros, comenzando por aquellos que Dios ha puesto más cerca.

Nuestro Señor dijo:

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».

Juan 13:35

Hermanos, que nuestro hogar no sea solamente el lugar donde hablamos de Cristo, sino también donde Su amor pueda ser conocido a través de nuestra manera de vivir.

Y cuando fallemos, que también sepamos reconocerlo, pedir perdón y recibir la gracia que tanto necesitamos.

Que lo que somos, hacemos, decimos y mostramos en casa dé testimonio de Aquel en quien hemos creído.

No para que nuestra familia nos admire a nosotros, sino para que conozca más a nuestro Señor Jesucristo.

¡A Él sea toda la gloria, la honra y la alabanza!

Amén.

Como cada día, elevo un clamor a nuestro Padre, para que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús sean con todos ustedes.

¡Feliz lunes!

¡Uno más para Cristo!