Cada Día en Su Palabra · Jueves, 22 de octubre de 2026
Gracia y paz a cada uno de ustedes y sus casas, mis amados, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
¡Un bendecido jueves en la presencia de nuestro Señor!
Mis amados hermanos:
Hoy quiero compartir una Palabra que nos invita a examinar qué lugar ocupa Jesucristo en nuestras decisiones y en nuestra manera de vivir.
La Escritura nos dice acerca de Moisés:
«Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón».
Hebreos 11:24–26
Hermanos, la fe de Moisés se manifestó en aquello que rehusó, escogió y estimó. Los tesoros de Egipto estaban delante de él, pero reconoció un valor mayor en pertenecer al pueblo de Dios, aun compartiendo su sufrimiento.
Esto habla a nuestro corazón: lo que valoramos influye en lo que escogemos.
Y nosotros, que hemos conocido el amor de Jesucristo, necesitamos preguntarnos: ¿cómo está transformando nuestra relación con Él aquello que consideramos valioso?
Pablo escribió a los tesalonicenses:
«Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo».
1 Tesalonicenses 1:2–3
¡Qué hermoso, mis amados! Pablo daba gracias a Dios porque veía el fruto del Evangelio en aquellos hermanos.
Una fe que obra.
La confianza en Cristo comienza a manifestarse en nuestras decisiones: hablar con verdad, actuar con integridad y obedecer su Palabra, aun cuando hacerlo tenga un costo.
Un amor que trabaja.
El amor recibido de nuestro Señor nos mueve a servir: escuchar con atención, cuidar al que necesita ayuda y dedicar tiempo a las personas que Dios ha puesto cerca. A veces ese servicio ocurre en lo secreto, sin reconocimiento, pero con amor.
Una esperanza en Jesucristo que persevera.
Esperamos a nuestro Salvador. Su resurrección y la promesa de su venida nos sostienen para continuar haciendo el bien, aun cuando todavía no veamos el fruto.
Mis amados, esta vida nace de su gracia. Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó; en Él hemos recibido perdón y nueva vida. Por su Espíritu vamos aprendiendo a vivir como quienes le pertenecen.
Las buenas obras son fruto de nuestra salvación, y toda la gloria pertenece al Señor.
Que hoy, comenzando en nuestros hogares, nuestra fe se manifieste en obediencia, nuestro amor encuentre oportunidades para servir y nuestra esperanza permanezca firme en Jesucristo.
Oremos juntos, mis amados:
Padre amado, gracias por la nueva vida que nos has dado en tu Hijo. Abre nuestros ojos para reconocer el valor de conocerle y pertenecerle.
Por tu Espíritu, transforma nuestras decisiones. Que nuestra fe produzca obediencia, que nuestro amor se entregue al servicio y que nuestra esperanza en Jesucristo nos sostenga para perseverar.
Que quienes compartan este día con nosotros puedan conocer algo de su amor a través de nuestra manera de vivir.
En el precioso nombre de Jesús. Amén.
¡A Él sea toda la gloria!
¡Uno más para Cristo!