Cada Día en Su Palabra · Sábado, 24 de octubre de 2026
Gracia y paz a cada uno de ustedes y sus casas, mis amados, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
¡Un bendecido sábado bajo el cuidado de nuestro Padre celestial!
Mis amados hermanos:
Al continuar nuestro recorrido por Hebreos, encontramos una exhortación que primero quiero recibir en mi propio corazón:
«Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar».
Hebreos 12:3
Hermanos, la Palabra reconoce que podemos cansarnos. Las dificultades, la oposición y las luchas pueden debilitar nuestro ánimo. Y en medio de ellas nos invita a considerar a Jesús: detenernos a contemplar lo que soportó y recordar a Aquel en quien hemos creído.
Nuestro Salvador fue rechazado, sufrió y entregó su vida por nuestros pecados. Resucitó y está sentado a la diestra del Padre. Aquel a quien miramos para continuar es el mismo que nos abrió el camino para acercarnos a Dios.
Y en ese camino seguimos necesitando ser enseñados.
La Escritura nos dice:
«Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo».
Hebreos 12:6
Mis amados, la disciplina del Señor incluye su corrección y su formación. Nuestro Padre nos ama y se ocupa de nuestra manera de vivir. Nos enseña a reconocer el pecado, a abandonar lo que nos hace daño y a caminar en obediencia a su Palabra.
Mis amados, nunca llegamos a un punto en que ya no necesitemos aprender. Aun después de muchos años de conocer al Señor, necesitamos un corazón dispuesto a recibir su corrección.
Servir al Señor también requiere dejarnos formar por Él.
Su Palabra declara:
«Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados».
Hebreos 12:11
Hay correcciones que nos incomodan porque descubren algo que preferiríamos justificar. Puede ser nuestra manera de responder, una actitud orgullosa o nuestra resistencia a pedir perdón.
En esos momentos podemos acercarnos al Padre con sinceridad: «Señor, ayúdame a recibir lo que me estás enseñando y a obedecer tu Palabra».
Y cuando atravesemos sufrimientos que no comprendemos, guardémonos de apresurarnos a señalar una culpa en nosotros o en otros. Podemos confiar en el cuidado del Padre aun mientras permanecen nuestras preguntas.
Mis amados hermanos, en Cristo hemos sido recibidos por gracia, y por esa misma gracia seguimos siendo formados. Su Espíritu nos ayuda a escuchar, arrepentirnos y crecer.
Que este día encontremos tiempo para considerar a Jesús y poner nuestro corazón delante del Padre. Él conoce nuestro cansancio y sabe cuánto necesitamos de su cuidado.
Oremos juntos, mis amados:
Padre amado, gracias por recibirnos por medio de Jesucristo y por ocuparte de nuestra vida con amor.
Danos humildad para escuchar tu Palabra y reconocer aquello que debemos corregir. Por tu Espíritu, ayúdanos a obedecerte y produce en nosotros ese fruto apacible de justicia.
Sostén al hermano que está cansado. Enséñanos a acompañarnos con misericordia y mantén nuestros ojos puestos en Jesús.
En su precioso nombre oramos. Amén.
¡A Él sea toda la gloria!
¡Uno más para Cristo!
¡Feliz sábado!