Hagamos el bien como fruto de la vida en Cristo

Cada Día en Su Palabra · Martes, 27 de octubre de 2026

Gracia y paz a cada uno de ustedes y sus casas, mis amados, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

¡Un maravilloso y bendecido martes bajo la gracia y el cuidado de nuestro Padre celestial!

Mis amados hermanos:

Hoy quiero compartir con ustedes una hermosa reflexión conocida como «La regla de hacer el bien», tradicionalmente atribuida al predicador cristiano John Wesley:

«Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todo momento que puedas, a todas las personas que puedas y durante todo el tiempo que puedas».

¡Cuánto podemos aprender de este pensamiento a la luz de la Palabra de Dios!

El apóstol Pablo escribió:

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe».

Gálatas 6:9–10

Hermanos, las oportunidades de hacer el bien no siempre se presentan en grandes acontecimientos.

A veces están en una palabra de aliento, una visita, una oración, una mano extendida o en acompañar a alguien que atraviesa dificultades.

Pero hay algo fundamental que debemos recordar:

No hacemos el bien para conseguir la vida de Cristo; hacemos el bien porque hemos recibido vida en Él.

La Escritura nos dice:

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas».

Efesios 2:10

¡Qué maravillosa verdad!

Un árbol no produce frutos para demostrar que está vivo; produce frutos porque tiene vida.

Así también, nuestras buenas obras deben ser fruto de la vida de Jesucristo obrando en nosotros, no un esfuerzo por aparentar espiritualidad ni por ganar el favor de Dios.

Mis amados, al comenzar este día, pidamos al Señor que abra nuestros ojos para reconocer las oportunidades de hacer el bien que coloque delante de nosotros.

Que nuestras palabras edifiquen, nuestras manos sirvan y nuestro amor refleje a Jesucristo.

Y que todo cuanto hagamos sea para la gloria de nuestro Padre celestial.

Oremos juntos:

Padre amado, gracias por habernos dado vida en Jesucristo. Abre nuestros ojos para reconocer las necesidades de quienes nos rodean y danos un corazón dispuesto a servir.

Que tu Espíritu produzca en nosotros el fruto que te agrada. Ayúdanos a no cansarnos de hacer el bien y a vivir cada día para tu gloria.

En el precioso nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

¡A Él sea toda la gloria!

Amados, que la revelación del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios hecha en Cristo Jesús sean con cada uno de ustedes.

¡Uno más para Cristo!