Cada Día en Su Palabra · Lunes, 2 de noviembre de 2026
¡Feliz lunes, mis amados hermanos!
¡Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús!
¡Un hermoso y bendecido comienzo de semana, mis amados hermanos!
Hoy quisiera compartir con ustedes una reflexión que ha estado hablando a mi propio corazón.
Tenemos la maravillosa bendición de contar con la Biblia, de leerla, estudiarla y meditar en la Palabra de Dios.
Pero ¿hemos considerado cómo nuestra vida puede dar testimonio cada día de esa Palabra que recibimos?
Escuchemos lo que nos dice la Escritura:
«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos».
Santiago 1:22
Mis amados, la Palabra que escuchamos debe encontrar expresión en nuestra vida: en nuestras palabras, nuestras acciones y nuestra manera de tratar a los demás.
Y miren lo que escribió el apóstol Pablo:
«Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón».
2 Corintios 3:2–3
¡Mis amados, qué preciosa verdad!
Quizás muchas personas que encontramos cada día nunca abran una Biblia, pero sí observarán nuestras palabras, nuestras acciones y nuestra manera de tratar a los demás.
¿Qué estarán leyendo en nosotros?
¿Podrán encontrar amor, misericordia, paciencia y perdón? ¿Podrán reconocer en nuestra vida algo que los conduzca a Jesucristo?
Hermanos, no se trata de aparentar santidad ni de demostrar cuánto conocemos las Escrituras.
Se trata de que la vida que hemos recibido en Cristo produzca frutos visibles para la gloria de Dios.
Recordemos lo que dijo nuestro Señor:
«En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos».
Juan 15:8
Mis amados, que esta semana nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras acciones sean una expresión de la Palabra que hemos recibido.
Que cuando alguien lea nuestra vida, no se quede admirándonos a nosotros, sino que sea llevado a conocer más profundamente a Jesucristo.
Oremos juntos:
Padre amado, gracias por tu Palabra y por la vida que nos has dado mediante nuestro Señor Jesucristo.
Que tu Espíritu continúe transformando nuestros corazones. Enséñanos a escuchar tu Palabra y a vivir conforme a ella.
Que nuestras palabras edifiquen, nuestras acciones manifiesten tu amor y nuestras vidas den testimonio de tu Hijo amado.
Llévanos cada día a un conocimiento más profundo de Jesucristo, para que solamente Él sea glorificado.
En su precioso nombre oramos. Amén.
¡Que crezcamos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!
¡A Él sea toda la gloria!
¡Uno más para Cristo!