Ante el espejo de su Palabra

Cada Día en Su Palabra · Miércoles, 4 de noviembre de 2026

¡Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús!

¡Un hermoso y bendecido miércoles, mis amados hermanos!

Amados, hoy quisiera compartir con ustedes una reflexión que primero deseo aplicar a mi propia vida.

¿Alguna vez se han mirado en un espejo, han notado algo que necesitan arreglar y, aun así, se han marchado sin hacer nada?

Escuchemos lo que nos dice la Palabra:

«Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era».

Santiago 1:23–24

Mis amados, ¡qué preciosa ilustración nos presenta Santiago!

La Palabra de Dios nos permite reconocer lo que muchas veces no queremos ver en nosotros mismos: nuestras actitudes, nuestras palabras y hasta las intenciones de nuestro corazón.

Hermanos, quisiera que consideremos algo:

¿De qué nos sirve reconocer lo que necesita cambiar si después continuamos viviendo de la misma manera?

Y miren cómo continúa Santiago:

«Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace».

Santiago 1:25

¡Mis amados, ahí está!

No se trata solamente de mirar, sino de permanecer atentos a la Palabra y responder a ella con obediencia.

Pero tampoco se trata de intentar transformarnos mediante nuestras propias fuerzas.

Escuchemos lo que escribió el apóstol Pablo:

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

2 Corintios 3:18

¡Hermanos, qué maravillosa verdad!

La Palabra examina nuestro corazón, y es el Espíritu del Señor quien nos transforma mientras contemplamos la gloria de Jesucristo.

Que cuando abramos nuestras Biblias no busquemos solamente una enseñanza para compartir con otros, sino que permitamos que Dios nos hable primero a nosotros.

Y que al reconocer nuestras debilidades no nos alejemos de Él, sino que nos acerquemos cada día más a nuestro Señor Jesucristo.

Porque nuestro propósito no es aparentar una vida perfecta, sino crecer en el conocimiento de Aquel que nos transforma.

Oremos juntos:

Padre amado, gracias por tu Palabra, que examina nuestros corazones y nos conduce a la verdad.

Perdónanos por aquellas veces que hemos escuchado tu voz y hemos continuado nuestro camino sin responder a ella.

Danos corazones humildes y obedientes. Que tu Espíritu continúe transformándonos conforme a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.

Y por esta causa, Padre amado, doblamos nuestras rodillas ante ti.

Que, conforme a las riquezas de tu gloria, nos concedas ser fortalecidos con poder por tu Espíritu en el hombre interior; que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que, arraigados y cimentados en amor, podamos conocer cada día más profundamente el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

¡Que seamos llenos de toda la plenitud de Dios!

«A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».

Efesios 3:21

¡Uno más para Cristo!